Querido papito:
Te escribo porque estoy segura que a pesar de ya no estar físicamente conmigo, sé que siempre estarás en todo lo que haga y que estás viendo esto.
Sólo quiero recordarte que te amo con toda mi alma, y que me dueles con toda mi existencia. No habrá cosa que haga o deje de hacer que no sea pensando en ti, en lo que me dirías o en la reacción que tendrías. Sé que desde el cielo seguirás siendo mi más grande fan, el primero en motivarme a lograr lo que anhele, para posteriormente ser el primero en la fila para felicitarme por ello.
A veces me aterra pensar cómo voy a hacer para seguir el resto de mi vida sin ti, me llena de miedo pensar que alguna vez te pueda olvidar, que no recuerde tu voz, que olvidé tu forma de ver las cosas. Me da rabia pensar en todas las cosas que nos faltaron por vivir, el que no me viste llegar a la meta que tanto anhelábamos, por la que tanto habíamos trabajado y se me parte la vida al saber que jamás pudiste entregarme en el altar, que a pesar de amar a todos los niños, jamás se te dio la oportunidad de conocer a un nieto de tu sangre. Cada noche se me parte el alma y la vida pensando tantas cosas que faltaban por pasar, otras recordando todos los hermosos momentos que pasamos, sabiendo lo orgulloso que te sentías de tus hijos, o, incluso, torturándome con la idea de que en tus últimos años ni si quiera pude estar contigo, especialmente en los últimos meses, debido a mi maldito trabajo, y a la vez nuestro sueño, tuve que mantenerme alejada de ti y mamá, pasaron fechas muy importantes, que nunca antes había vivido sola, alejada de ustedes, pero cada día lejos, tú y mamá eran mi fuerza para continuar, y así regresar victoriosa para cuando los volviera a ver, jamás imaginé que te me ibas a ir mucho antes. Tenía 5 malditos meses sin verte, incluyendo fechas navideñas, que a pesar de haber pasado con familia me dolió en el alma haber estado alejada de ustedes; y cuando por fin te volví a ver ya todo era diferente, casi no pude hablarte ya, casi no pude escucharte. Cada noche estuve contigo, tomándote la mano, viendo tus ojitos y platicando contigo de todos nuestro futuro. Le supliqué a Dios que te dejara quedarte conmigo, que te dejara vivir un poco más, disfrutar de lo que tanto habías trabajado, le ofrecí a cambio mil cosas, le insistí en que me hiciera saber que hiciera lo que fuera con tal de que te quedaras... Soy una maldita egoísta que te quería conmigo por toda mi vida, pero no quiso, te quiso llevar a su lado y no sabes cómo me está doliendo cada maldito segundo. Desde ese momento sentí que el mundo se me vino encima, que todo lo que habíamos construido se había caído en millones de pedazos sin posibilidad de reparar, que todo el valor y la fuerza que de ti había aprendido a lo largo del tiempo que te viví había desaparecido, que te lo habías llevado contigo. Ha pasado poco más del mes y no sé cómo haré para vivir el resto de mi vida sin ti, sin tus consejos, sin todo lo bueno y lo malo de ti, sin tus regaños, sin tu "hazlo hija, yo te apoyo".
Sé que jamás hubieras querido irte de esta manera, dejándonos así. Sé que al vernos sufrir de esta manera tú sufres también y no quiero que sea así, pero entiéndeme, me estás doliendo. No sabes cuánto detesto y evito ver tus fotos, porque inmediatamente se vienen cientos de recuerdos y es como si me mataran cada vez que lo hago. Ten por seguro que haré todo lo que esté en mis manos por seguir haciéndote sentir orgulloso y puedas presumirme allá en lo más alto, cómo tanto disfrutabas hacerlo.
Recuerdas cuando estaba a punto de marcharme a Morelia, a iniciar nuestro sueño de medicina y me llamaste al comedor y tuvimos una plática como nunca, dónde me aconsejabas, me brindabas una alternativa para quedarme aquí y estudiar cualquier otra cosa? No sabes cómo maldigo ese día, papito, deseando poder regresar y decirte que decido quedarme a su lado, para no haber tenido que marcharme nunca y poder haber estado a su lado los días que Dios nos permitiera, pero juntos. Yo no quería decepcionarte y aunque me moría de miedo por iniciar de cero y lejos de ustedes, te dije que me iba y me llenaste de fuerza, seguridad y objetivos. Me dijiste que nunca me dejarías sola. Y aún cuando hoy ya no estás físicamente conmigo, yo te siento más cerca de mí que nunca, y estoy segura que nunca, nunca me dejarás sola, que seguirás conmigo en cada momento.
No me despido de ti, porque sé que nos volveremos a ver, que te volveré a abrazar, que podré platicarte de todo lo que te perdiste y podremos hacer juntos todo lo que esta vida ya no nos permitió.
Dicen que las personas nunca mueren mientras existe alguien que las recuerde y tú, papito, estás viviendo en el corazón de muchísima gente, pero especialmente en el mío, jamás te dejaré morir, siempre, siempre vas a estar en mí. Te extraño infinitamente, pero vete tranquilo, vuela alto, lo más alto que puedas.
Nunca olvides que te amé, te amo y lo seguiré haciendo por el resto de mi vida y más. Fuiste un ser maravilloso, lleno de amor y bondad para con mucha gente. Multifacético, un hombre ejemplar, que vino desde abajo, luchó y consiguió grandes cosas, incluso algunas que a muchos otros les lleva años. Fuiste un hombre honesto, que jamás se dio por vencido. Un verdadero campeón ante cualquier situación, que jamás se dejó ver quebrado, un hombre que a pesar de tener un carácter fuerte, del cual le aprendí, también tenía el corazón más grande que alguien pueda tener, con el mayor don de la docencia, con el que a tantos alumnos enseñó; un ganadero magistral que con su toro "El Ventarrón" triunfó; un entrenador maravilloso que tantos campeonatos ganó; un mezcalero sin igual, que a tanta gente cautivó; y, sin duda alguna, el mejor padre que Dios me pudo dar... No sabes cuántas cosas maravillosas te aprendí, y por cada lágrima que derramo, también le doy gracias a la vida por habernos permitido vivir todo esto juntos. Saber que hace un año fue el mejor año de mi vida, y estoy segura que también el tuyo. Me veías como el padre más orgulloso mientras veías a tu hija graduándose de Dra, viendo como lucía. Tenías la cara de satisfacción y de felicidad más grande que jamás había visto en nadie; y eso me llena de paz, porque sé que no te fallé y que pude darte la dicha de vivir ese día.
Papito, me quedo con muchas y muchas cosas, con miles de recuerdos y un millón más de enseñanzas. No me abandones nunca, busca la manera de estar siempre conmigo, dejándomelo saber. Yo le pediré a la vida y a Dios me permitan verte por lo menos en mis sueños, que me dejen abrazarte y, si no es mucho pedir, platicar contigo de vez en diario.
Papito, como bien decías en una de tus múltiples frases: "FUISTE, ERES Y SERÁS GRANDE ENTRE LOS GRANDES. TE EXTRAÑO Y TE AMARÉ ETERNAMENTE.
0 comentarios :
Publicar un comentario